Mitos y realidades de la ansiedad

Mitos y realidades de la ansiedad

En nuestra última publicación abordábamos la Ansiedad y a raíz de este nos han llegado multitud de preguntas y consultas. Hemos pensado que la mejor forma de intentar dar respuestas a todas ellas era dando continuidad a lo publicado la semana pasada y profundizar un poco más en aquellas dudas que nos habéis hecho llegar, y que hemos resumido en 4 puntos.

 

Acerca de los síntomas nos preguntabais cuáles eran sinónimo de ansiedad y cuáles no. Lo cierto es que aún a riesgo de crear confusión la respuesta correcta sería todos, y ninguno. Y es así porque los síntomas físicos de la ansiedad son muy diversos y pueden tener un patrón completamente distinto en cada persona y surgir de la forma más inesperada. Así habrá personas que lo manifiestan con mareos, vómitos, sudoración… y otras que mostrarán síntomas como irritabilidad, problemas gástricos, migrañas, llanto incontrolable, temblor en las manos…

 

Debemos ser cautelosos y al mismo tiempo muy empáticos con estas manifestaciones. Ni uno de estos síntomas -o cualquier otro- supone la existencia de un trastorno de ansiedad ni debemos estigmatizar a quien lo está
sufriendo. En ambos casos debe ser un especialista quien evalúe y determine el
significado de ese síntoma físico en conjunto con otros aspectos de la persona.

 

A menudo se relaciona y hasta se confunde la ansiedad con el estrés y tener ansiedad es algo más que estar estresado. Recordemos lo que decíamos en la anterior publicación. La ansiedad es una reacción emocional antes una situación que nos resulta amenazante, nos anticipa a ella más allá de que puede o no suceder. Si esta situación puede provocar la activación de nuestros niveles de estrés, la ansiedad sería una de sus formas más visibles de manifestación Una ansiedad elevada provocará estrés, y a su vez cuando se dan niveles altos de estrés puede manifestarse a través de síntomas asociados a la ansiedad.

 

El estrés es uno de los mecanismos que las personas tenemos para adaptarnos a las situaciones y nuestro día a día. La ansiedad es una reacción emocional ante lo que interpretamos es una amenaza. La ansiedad genera estrés, y el estrés es una de las manifestaciones más comunes de la ansiedad.

 

La ansiedad y su aparición es muy inoportuna y en algunas personas aparece de la nada. Y esa característica genera mucha más angustia y preocupación a quien la vive y sufre. Para una persona con ansiedad cualquier situación puede desencadenar alguno de los síntomas asociados junto a pensamientos negativos y miedo que se acentúa cuando  a tu alrededor no entienden qué te está sucediendo.

 

Uno de los aspectos que trabajábamos en las consultas sobre ansiedad es precisamente este. El desconocer por qué surgen síntomas de ansiedad es justo uno de los desencadenantes de ésta. Por eso identificar la aparición de los síntomas y qué relación guardan con el pensamiento o la situación que los desencadena es tan importante en cualquier tratamiento.

 

Todas las personas que hemos atendido por algún problema relacionado con la ansiedad explican que una de las cosas que más molestan es que ante cualquier síntoma les digan cosas como “cálmate”, “no es para tanto”, “ya verás como no es nada”, “te estás poniendo así por nada”… Esa falta de empatía a menudo viene provocada por no saber cómo reaccionar cuando vemos a una persona angustiada o sufriendo, nos sentimos incómodos y “forzados” a decir o hacer algo, sin caer en la cuenta de que a pesar de la mejor de las voluntades hacemos lo contrario de lo que necesita la persona que sufre un episodio de ansiedad.

 

Sin lugar a dudas lo que más desea la persona en esos momentos es calmarse y si queremos acompañarles en esos instante de angustia es preferible estar, sencillamente estar, acompañarlos y esperar el momento oportuno para reflexionar sobre aquello que les ha provocado esos síntomas, sus sentimientos y las emociones que hay tras eso.

 

 

La ansiedad es una reacción de nuestro organismo ante la percepción de un peligro muchas veces difuso y confuso que conlleva sufrimiento, pero es importante aclarar que es evitable y controlable.


Comprender cómo nuestros pensamientos nos conducen a la aparición de síntomas de ansiedad y cómo modificando estos podemos disminuir su aparición o su intensidad es uno de los pasos más importantes de su tratamiento. Ayudar a entender y comprender a las personas del entorno más próximo qué es la ansiedad y cómo afecta a nuestra vida cotidiana es un paso más a no estigmatizar a quienes la sufren.

 

 

“Tener ansiedad no te hace débil. Tener ansiedad y salir a hacer cosas requiere una fuerza que algunos nunca conocerán”

 

Jorge Juan García Insua

Psicólogo