CRISIS VITALES

CRISIS VITALES, DE LA ANGUSTIA A LA OPORTUNIDAD

Un despido, un cambio laboral, el nacimiento de un hijo, un cambio de residencia, una ruptura sentimental, un cambio físico, una enfermedad, los temidos 40 o los 50… Vivimos a lo largo de nuestra vida multitud de cambios, a veces bruscos o inesperados, no siempre deseados y según cuál es nuestra actitud ante ellos estamos ante una oportunidad de crecimiento o ante  lo que llamamos crisis vital.

 

Pero… ¿Qué es exactamente una crisis vital? ¿Cómo podemos afrontarla y superarla con éxito? ¿Cuándo debemos pedir ayuda profesional? Vamos a intentar dar respuesta en las siguientes líneas.

 

A lo largo de nuestra vida pasamos por momentos donde pasamos de una aparente tranquilidad y seguridad a otros dónde predomina la incertidumbre porque nos supone un extra de exigencia y demanda, para los que no siempre estamos preparados o incluso no hemos sabio o querido prever… “no me lo esperaba….”, “no voy a poder con esto”, “esto me supera” son solo algunas de las frases que pueden identificar que se está viviendo una crisis vital y muchas persona las somatizan y expresan síntomas como dolor de pecho, dolores de cabeza, angustia, opresión en el pecho, insomnio, cambios constantes de humor…

 

Según cuál sea el acontecimiento y cuánto tenga de deseado y esperado podemos vernos sumergidos ante una situación que nos altera nuestro equilibrio emocional, nos genera una sensación de pérdida de control sobre nuestra vida y nos exige un gran esfuerzo para intentar recuperar esa estabilidad sin caer en el desasosiego o la tristeza.

 

Una crisis siempre es una sensación de riesgo importante o incluso de pérdida inevitable. Y el cambio como norma nos asusta y nos rompe las murallas de nuestra zona de confort. A mayor riesgo y cambio mayor es el tiempo que necesitaremos para dejar atrás el miedo y el bloqueo mental, re-situarnos y decidir el camino a seguir.

 

Son momentos de tomar decisiones, de sopesar alternativas y valorar caminos a seguir.

Cuando esto sucede y estamos inmersos en una crisis vital debemos partir de una premisa: podemos hacer que sean temporales. Tal vez no podemos evitar que lleguen pero sí podemos hacer que terminen o al menos minimizar sus efectos mientras duren y para que eso suceda los más importante es no dejar que nos paralicen, valorar la situación, tomar conciencia y decidir de qué forma pasamos a la acción.

 

La crisis vital por definición nos lleva a una situación donde están fracasando nuestros intentos de compensarla, de solventarla de la forma habitual y sin “hacer demasiado ruido en nuestra vida” y cuando esto falle nos invade un sentimiento de fracaso, de negación o de intentar soluciones improvisadas y poco apropiadas donde nos dejamos llevar por la ansiedad y la desesperación, que no hacen sino desmotivarnos y dañar nuestra autoconfianza.

 

Si hay un aspecto que será determinante para paralizarnos o para empujarnos hacia delante es la gestión emocional que hagamos de ese momento vital. Todas las emociones que sintamos en ese momento nos están dando señales de dónde están los puntos que debemos atender, dónde están nuestras limitaciones mentales, prejuicios, saboteadores y dónde tenemos la rampa de despegue. Por eso no debemos reprimirlas ni negarlas sino atenderlas y darles espacio para entenderlas y vivirlas.

 

En ocasiones las crisis vitales van acompañadas de fuertes sentimientos de culpa, vergüenza, prejuicios… que nos bloquean y nos impiden gestionar emocionalmente la situación. Cuando esto sucede es importante saber hasta dónde somos capaces de afrontar y dominar la situación, pidiendo ayuda a un profesional cuando detectemos que estamos perdiendo el control o tengamos dudas de nuestra capacidad para avanzar. En este sentido tanto la Psicología como el Coaching ofrecen a cualquier persona un entorno de confianza y seguridad que permite trabajar estas situaciones vitales y mejorar la forma en que la persona le hace frente.

 

Sea cual sea el tipo de crisis superarla siempre supone una gran fortaleza y unas enormes ganas de crecer y vivir. Enfrentarse a ella de una forma positiva y retadora aporta un grado de autoconocimiento y confianza que nos prepara para otras que puedan darte en el futuro. Un psicólogo nos ayudará a situarnos en la realidad de la situación y acompañarnos en desarrollar estrategias correctas que nos permitan sobreponernos a la crisis y estar más preparados para afrontar las que en un futuro puedan devenir.

 

Porque recordemos que el hecho de vivirlas es inevitable, nos pasamos la vida de crisis en crisis, no todas son de la misma intensidad ni las vivimos de la misma forma. Y una crisis vital que se prolonga en el tiempo, que no se gestiona correctamente puede provocar una desestabilización psíquica y un vacío interior de consecuencias negativas importantes presentes y futuras para cualquier persona.

 

Vivirlas de una forma consciente nos da la oportunidad de dejar de movernos como robots, sin prestar atención a nuestro entorno y negando nuestras necesidades y dar sentido y objetivo a nuestro día a día.

 

“Hay un flujo y reflujo en los asuntos de los hombres, que, si se toma en la subida, lleva a la fortuna, y, si se descuida, toda la travesía de la vida queda encallada en bajíos y en miserias”  – Shakespeare, en Julio Cesar.

 

Jorge Juan García Insua

Psicólogo y Coach